En Van Horn, billonario desarrolla puerto espacial

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Una vasta y aislada zona en el Oeste de Texas —a unas 120 millas por carretera de el Paso— es el hogar de una parte ultrasecreta de la carrera espacial del siglo XXI, una de dos zonas que son dirigidas en el estado de la estrella solitaria por billonarios de Internet cuyas personalidades y estrategias parecen ser dos mundos aparte.

La presencia de Blue Origin, LLC, compañía creada por el fundador de Amazon, Jeff Bezos, pasa casi desapercibida en el cercano poblado de Van Horn, una estación intermedia a lo largo de la Carretera Interestatal 10 (I-10), una década después de que Bezos comenzara a comprar terrenos en uno de los más grandes y remotos condados de Texas.

A pocos visitantes se les permite traspasar el límite del anuncio de “Prohibido el paso” en la remota y controlada compuerta que lleva a una zona desértica y montañosa que recuerda a la conocida Área 51 de la Fuerza Aérea en Nevada. Las personas privilegiadas a las que se les concede el acceso se rehúsan a describir lo que han visto, típicamente haciendo referencia a ciertos acuerdos de confidencialidad.

“Nadie entra, excepto los empleados”, dice Robert Morales, editor del periódico semanal Van Horn Advocate.

Al extremo opuesto —de Texas y la competencia— se encuentra la altamente visible empresa SpaceX, dirigida por el co-fundador de PayPal y fabricante de autos eléctricos, Elon Musk. Su compañía tiene contratos con NASA para reabastecer a la Estación Internacional Espacial y está construyendo una base de despegue a unas 600 millas (965 kilómetros) de Van Horn, en la costa del extremo sur del Golfo de Texas, con la tan promocionada meta de enviar a seres humanos a Marte.

SpaceX y Blue Origin se encuentran entre las varias compañías estadounidenses enfrascadas en el negocio espacial privado. Ambos tienen recursos ilimitados —la fortuna de Bezos se estima cerca a los 35 billones de dólares, mientras que la de Musk se estima en los 12 billones— y altas aspiraciones: Lanzando operativos de comercio espacial de nueva generación, en parte por medio de la reducción de costos y el funcionamiento de cohetes reusables.

Los días de gloria de la exploración espacial en Texas, cuando los astronautas de la misión Mercury entrenaban en Houston y el nombre de la ciudad fue la primera palabra que fue pronunciada dese la luna por Neil Armstrong, han quedado en el pasado. Las utilitarias naves espaciales se vieron afectadas por los recortes de presupuesto, y el deterioro acumulado en el transcurso de los años, dejando a los astronautas con la opción de tener que viajar en cohetes de fabricación rusa.

El éxito que lleguen a tener los recién llegados traerá consigo “un importante potencial para revigorizar la investigación y el desarrollo espacial en el estado”, dijo John Junkins, director del Centro de Mecánica y Control del Departamento de Ingeniería Aeroespacial de Texas A&M.

A principios de este mes, Bezos anunció que el nuevo motor a propulsión de hidrógeno de su compañía, diseñado para misiones suborbitales, había completado cientos de pruebas llevadas a cabo en la zona ubicada al oeste de Texas, agregando que, “pronto lo someteremos a su mayor prueba de vuelo”. La cual podría llevarse a cabo a finales de este año.

Un motor mucho más poderoso para vuelos orbitales, que funciona a base de oxígeno líquido y gas natural, está siendo desarrollado por United Launch Alliance, una empresa conformada por las compañías veteranas aeroespaciales Boeing Co. y Lackheed Martin Corp.

Los funcionarios de Blue Origin se rehusaron a dar una entrevista y a conceder una visita al lugar donde se encuentran trabajando. “Lo sentimos”, según dijo la vocera Brooke Crawford. “Así son las cosas”.

El amor de Bezos por el espacio tiene sus orígenes en Texas en la década de 1960 cuando él y su familia se mudaron a Houston, que en ese entonces se le conocía como “Space City USA”.

“Para mí, el espacio es algo de lo que he estado enamorado desde que tenía cinco años”, dijo Bezos, de 51 años, en una entrevista en septiembre con el Washington Post, periódico que él compró en el 2013. “Yo vi a Neil Armstrong salir de la nave e imprimir su huella en la superficie de la luna, eso me marcó”.

Durante el transcurso de la última década, ha comprado por lo menos siete ranchos, un total de mil 900 millas cuadradas (4 mil 921 kilómetros cuadrados) de terreno, cerca de la frontera entre Texas y Nuevo México y del Parque Nacional Guadalupe.

“Es un lugar muy secreto”, dijo Maricel González, evaluadora en jefe del Distrito de evaluación del condado de Culberson. González se negó a describir el sitio, haciendo referencia a un acuerdo de confidencialidad. Un conductor de UPS, quien recientemente emergió del recinto también se rehusó a hablar.

Nuny Morriss, miembro del consejo municipal de Van Horn y repartidor de FedEx, dijo que el sitio incluye “un enorme edificio que parece una bodega y algunas oficinas… Pero no nos dejan ir a la parte de atrás”.

La presencia de Blue Origin en Van Horn es mínima. Morris recordó haber escuchado hace algunos año sobre un lanzamiento que había sido programado. El tráfico en la pista aérea local sugería que mucha gente importante estaba por llegar, y los funcionarios locales estaban ansiosos por reunirse con dichas personas. “Nadie en el poblado fue invitado”, dijo Morris.

En contraste, SpaceX aparece con frecuencia en los encabezados periodísticos, gracias a su contrato federal de cerca de 2 billones de dólares. Los intentos de reutilizar cohetes de propulsión han estado plagados de problemas; SpaceX ha fallado tres veces para hacerlos aterrizar en la plataforma cerca de la costa de Florida.

SpaceX ya cuenta con una planta de cohetes cerca de Waco. Con más de 15 millones de dólares en incentivos estatales, también está construyendo una base de lanzamiento en Boca Chica Beach, cerca de Brownsville. Musk espera que por lo menos se realicen 12 lanzamientos de cohetes al año, a partir de finales del año entrante.

“La meta a largo plazo es crear la tecnología necesaria para llevar a la humanidad a lugares fuera del planeta Tierra”, dijo Musk, de 43 años, originario de África del Sur.

David Kanipe, un ex jefe de división de la NASA, quien ahora es maestro en Texas A&M, dice que Musk y Bezos se mostraron cautelosos cuando él les ofreció ayuda.

“Por lo regular estas compañías, quizás por buenas razones, en realidad no quieren hacer uso o beneficiarse de las cosas que hemos aprendido de lo que la NASA hizo por 40 o 50 años”, dijo Kanipe. “Hablé con ellos: ‘déjenos ayudar, hagan uso de nuestra experiencia’. Pero ellos tienen otras ideas”.

Todas las empresas espaciales privadas han tenido sus contratiempos, tales como los de Virgin Galactic de Richard Branson, la cual perdió una nave espacial y a un piloto en octubre sobre el desierto Mojave, en California.

“Hay millones de maneras en que las cosas pueden salir mal”, dijo Kanipe. “creo que esto es factible, pero tomará mucho tiempo”.

Agencias

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